Lunes, 28 de Octubre del 2024

TEXTOS AJENOS


FLEXIBILIDAD

Hay caídas que sirven para levantarnos más sabios y felices.  SHAKESPEARE


En nuestra infancia hemos necesitado un promedio de 18000 caídas para aprender a andar. Cada una de ellas nos ha enseñado un nuevo matiz que, posteriormente, fuimos elaborando  convirtiéndose en experiencia. En realidad, cada caída que sufrimos en la vida es un aprendizaje, una lección del camino que en nada conlleva culpa y castigo, tan solo crecimiento y ampliación de consciencia.


A veces, cuando uno cae, habla de equivocación, sin tener en cuenta que los hechos acontecidos han tenido sentido en un diseño más amplio de la existencia. Y así como en el “gimnasio de la atención”, lo importante No es despistarse, sino darse cuenta de que uno se ha despistado, de la misma forma, en la vida, lo importante no es “caerse” o cometer errores, sino darse cuenta de todo el entramado emocional y mental que subyace en la caída. Cada acción cometida, por equivocada que parezca, está conectada a un infinito tejido de interrelaciones que se remontan a los confines más alejados de las galaxias. Nada existe aisladamente y ningún acontecimiento ya pasado puede ahora ser evitado. Tras la caída, la gran aventura de la vida está en levantarse y seguir adelante, pero entonces progresando con más templanza y una visión más amplia.

…La vida es tan sabia que se vale del dolor de la caída para reorientar el camino e imprimir nuevas conductas. Si bajamos la montaña atolondrados y nos caímos, el dolor nos recuerda la atención a cada paso de la marcha. Un dolor que se vincula a desatención y, en lo sucesivo, hace brotar más prudencia. En el futuro, sucederá que ya ni nos cegaremos tanto con la meta, ni perderemos la atención del momento presente que, en realidad, es lo que importa. Por otra parte, el dolor de la caída es pasajero y una vez cumplida su misión, la respuesta es algo más de lo que a primera vista parezca. Mientras tanto, damos gracias al Universo porque la vida, a través de los fallos y los errores, abre el cofre de nuestros secretos y así mismo, destapa luces e íntimas sombras. Y sucede que cuando el tropiezo se acepta, nos tornamos más flexibles y tolerantes porque, simplemente, la vieja rigidez es algo que apaga la música de nuestra alma. Cuando la tormenta pasa, las aguas que permanecen estancadas vuelven, de nuevo, a fluir renovando el curso de la vida e integrando áreas ocultas y olvidadas.


Hemos caído una vez más? Es tiempo de reírse un poco de uno mismo y seguir adelante. TIEMPO DE OBSERVAR Y DAR LAS GRACIAS.


Autor Jose Maria Doria - La Inteligencia del Alma - Pagina 58